Fumidus de Profumum Roma parte de un humo seco y denso, casi crudo, como la madera que acaba de quemarse. Desde la apertura, el humo aparece espeso, casi seco, con acentos amaderados quemados y resinosos. El efecto es directo, envolvente, como un fuego aún caliente que desprende un calor sordo. Luego, la fragancia gana en profundidad. Las notas se vuelven más oscuras, más redondas, con un matiz ligeramente ambarino y balsámico que suaviza el humo sin hacerlo desaparecer. El conjunto permanece denso, casi meditativo. Con el tiempo, Fumidus se posa en un fondo cálido y persistente, donde el humo se vuelve más suave, casi aterciopelado, manteniendo su firma marcada. La presencia es profunda, envolvente y muy distintiva.