Akigala Mandarino juega con un akigalawood que aporta una dimensión amaderada, ligeramente picante y casi vibrante, que viene a “apretar” la mandarina. La fruta se vuelve menos redonda, menos dulce, más seca, casi incisiva. Pasamos de un cítrico solar a algo más tenso. Con el tiempo, esta tensión permanece presente. La frescura no desaparece totalmente, pero está sostenida por una base amaderada y especiada que da una sensación más arraigada, casi mineral en ocasiones. Akigala Mandarino quiere deconstruir un cítrico demasiado evidente atravesándolo con notas especiadas y amaderadas, para crear algo más nervioso, más contemporáneo.