Palmeira ocurre en un aire cálido, casi inmóvil. Las palmeras se mueven apenas, la luz es suave, y todo parece ralentizarse sin razón. Desde la apertura, aparecen las frutas rojas, jugosas, luminosas, casi dulces. Una sensación inmediata de frescura cálida, viva, como algo recién recogido. Luego, el perfume se suaviza. Las flores toman su lugar, aportando una textura más redonda, más envolvente, con esa impresión de ligereza. Con el tiempo, Palmeira permanece en la piel como un calor suave, ligeramente cremoso y almizclado. Una huella simple y solar, como un verano.